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Clientes que cancelan antes de terminar la instalación o migración, referencias negativas boca a boca y presión para dar descuentos como compensación, lo que erosiona el margen.
Un proyecto retrasado no es solo una fecha incumplida: en un negocio que vende custodia, electrónica y migración a software libre, es la primera prueba real de confiabilidad que recibe cada cliente.
Custronix vende, ante todo, confianza: que los datos quedarán bien custodiados, que la domótica instalada va a funcionar, y que migrar a Linux no dejará a nadie sin sistema operativo el día prometido. Si la primera experiencia real del cliente (la entrega) ya llega tarde, la promesa se contradice antes de que el servicio se use un solo día.
Con seis personas, además, cada proyecto retrasado compite por las mismas horas técnicas que los proyectos nuevos. El problema se agrava solo si nadie interviene.
Clientes que cancelan antes de terminar la instalación o migración, referencias negativas boca a boca y presión para dar descuentos como compensación, lo que erosiona el margen.
El equipo atiende proyectos atrasados y nuevos a la vez. Sube el riesgo de errores en una instalación de domótica o en una migración, y se satura la capacidad real en las semanas de mayor demanda.
Custronix compite contra la percepción de que «lo alternativo a lo propietario es poco confiable». Un patrón de retrasos alimenta exactamente esa idea.